| Abstract: | A la espera de que su corazón termine por asfixiarlo, Adriano Augusto, emperador romano del siglo II de la era cristiana, que viniera a la vida en España y regresara a la nada en Roma, escribe una desaforada epístola al joven Marco (Marco Aurelio, futura divinidad del imperio), en cuya lectura, regalo de prosa preciosa, asistimos a la fulguración y el ensombrecimiento de quien fuera dueño y señor del mundo conocido y de todo lo que en él se mostraba visible o invisible. Antes de convertirla en perfección, Marguerite Yourcenar pasó varias décadas frecuentando museos y sarcófagos y recitando verdades y conjeturas, hasta darle forma literaria a la apariencia humana e ilusoria de un soldado lector, poeta, filósofo, coleccionista de arte, estadista, civilizador y asolador, sensual y frígido, sibarita y austero, dispensador de milagros y castigos, amoroso y solo, generoso y mezquino, fundador de pueblos y desiertos, sensible con la flauta traversa y violento con la espada heridora, pero, sobremanera, figura emblemática del poder y la gloria sin mesura, a la que el lastimado corazón convierte en frágil criatura terrestre Tomado de la contratapa del libro |