| Abstract: | Conozco a Heriberto Fiorillo como conservador ameno y tenaz. Sentado a una de las mesas de su cueva, el singular museo donde se puede comer y beber que se ha abierto por su iniciativa en la misma esquina de la calle Victoria con Veinte de Julio, donde sesionaba el mítico y etílico grupo de Barranquilla, es capaz de cualquier aventura verbal, y como el que cuenta historias inventadas un día las escribe, aquí esta ahora este libro de cuentos suyos. No hay nada más artero que la vida cotidiana. De sus entresijos, amables en apariencia, surgen no pocas veces relaciones singulares que llegan a asombrarnos, y si tienen esa virtud de salirse de lo común, es porque la mano de un escritor las lleva un nuevo territorio que es el de la literatura. Las historias que aquí cuenta Heriberto tienen esa falsa mansedumbre de los cotidiano, que se van por allí como de paseo hasta que se salen de madre porque hijas de la realidad se han vuelto ahijadas de la imaginación Tomado de la contratapa del libro |