| Abstract: | Con la poesía se inaugura un poder visible que intenta hacer ver la fuente donde los contrarios besan su amor mayor. Con ella surge la epifanía de lo invisible y se sanciona todo hilo conductor, todo fin, todo instrumento que posea la voluntad de dirigir, condenar o resolver. En la realización de la palabra y su inmanente ritmo hay un velar persistente, una claridad del sueño, un romper los lazos que fortifica la utilidad y el uso. La palabra reclama otra palabra, un borrar la distancia que existe entre lo perdido y lo encontrado, entre lo vivido y desvivido, entre lo que se puede comunicar y la soledad. La unción a la poesía realiza la conjución de los elementos que dispersos navegan un mar oscuro, una fuerza perdida. Esa unción deja ver las cosas en su pulsación originaria, en su posesión gratuita. |